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#RevoluciónenelCorazón |
Rodobaldo Martínez Pérez
Tener a la Revolución en el corazón, pasa por la
compresión del hecho. Nunca podríamos aquilatarla bien o quererla si antes no entendemos el
significado, para Cuba, del triunfo del Ejército Rebelde, comandado por Fidel
Castro Ruz.
El día Primero de Enero de 1959 marcó un antes y un
después para la Patria, comenzaron a conquistarse alegrías que resultaban
sueños hasta entonces y, aunque no estamos delante de una obra perfecta, por
primera vez, brota un sistema que pensaba en las mayorías, desde los más
humildes.
En lo social, eliminamos la ignorancia con la
grandiosa Campaña de Alfabetización, la tierra fue para quienes la trabajaban,
gratuidad para todos en la salud pública y la educación, colocó al hombre en el
centro de las soluciones más importantes y emancipó a la mujer, entre otros
muchos logros.
Durante el complejo recorrido, de estos más de 61
años, los obstáculos son mayúsculos, pero gracias a la Revolución, el país avanza entre los primeros en el área mundial,
principalmente en las ciencias, como el frente biotecnológico.
En los años 80,
Cuba sobresalió en la producción de interferones, un aspecto que nos
situó entre los primeros países del mundo en este tipo de elaboración y así sucedió
con las vacunas contra la meningitis meningocócica y la hepatitis B.
Comenzó el
desarrollo de Sistema
Ultramicroanalítico (SUMA), del policosanol (PPG) y de la
Estreptoquinasa recombinante. Entre 1991 y 1992 se creó el Polo Científico del
Oeste de la capital, dedicado a la Biotecnología e Industria Farmacéutica.
El criminal bloqueo yanqui es combatido con esas acciones, como el medicamento
heberprot-p, para el pie diabético, ya
en manos de muchas naciones en el mundo, menos en los Estados Unidos.
Podían ser
hasta risibles estos datos sobre el archipiélago, antes de 1959, para pretender mostrar progreso, como la primera nación de Ibero-América con
un cementerio aislado de la iglesia en 1806 y, en 1829, con la máquina y barco de vapor.
Pero, esa
Cuba “moderna”, en un censo realizado por una asociación católica en el año
1957, dijo que el obrero agrícola cubano no disponía, como promedio, de 25
centavos diarios para comer, vestir y calzar.
El 60 por ciento
de ellos vivían en bohíos de techo de guano y de piso de tierra, sin letrina sanitaria, el 85 por ciento carecía
de agua potable y el 44 por ciento sin asistir a la escuela.
El consumo fundamental de esas familias era
arroz, frijoles y viandas. Solamente un 4 por ciento comían carne, un 2 por
ciento huevos y un 11 por ciento tomaban leche. Su alimentación tenía un
déficit de más de mil calorías diarias, con ausencia de vitaminas y minerales
fundamentales.
A la
desnutrición, ignorancia e insalubridad habría que añadir las enfermedades como
el parasitismo crónico. La encuesta, mencionada, probó que el 14 por ciento de
los obreros agrícolas, padecía de tuberculosis y el 13 por ciento de tifoidea.
A 61 años llegamos con altas y bajas, pero con una
obra que siempre tiene en la mayor prioridad a su pueblo y apuesta por una mejor vida, para
todos.
Para pensar como país, como defiende Díaz- Canel,
debemos, primeramente, despojarnos de conceptos y actitudes individualistas,
dar la mayor entrega, cada uno, desde su puesto, desechar maneras de hacer
obsoletas, con toda la confianza en los jóvenes.
El concepto de Revolución, dado por Fidel en el 2000,
es una lección permanente para llevar la Revolución en el Corazón,
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