Friday, May 27, 2016

¿Libertad de prensa? O ¿Qué prensa necesita Cuba?




 

 

Para lograr: “Una opinión pública alerta, informada y crítica contribuye a un auténtico periodismo”

 Rodobaldo Martínez Pérez   
No por llevado y traído, el tema de la libertad de prensa merece reiterarse y, siempre, ocupará espacio priorizado en cualquier análisis valorativo del ejercicio mediático, pero con interrogantes explicativas: ¿Qué libertad de prensa es?, ¿Qué prensa se necesita para ser más libres? o ¿Qué prensa requiere la Cuba de hoy?
Según las respuestas marcarán el derrotero, porque importa mucho definir el rol mediático en el Sistema, para comprender ¿Cuál sería esa “independencia” de expresión?
 Nos cuesta entender la libertad para decir, en medio de un dominio absoluto de las Transnacionales del poder mediático o una sociedad diseñada por la propiedad privada. ¿Libertad de quienes? ¿De los dueños para opinar? ¿De autorizar quienes escriben y sobre qué? ¿Pueden los periodistas emitir criterios diferentes de quienes pagan?
 Recientemente, con la controvertida visita de Obama a Cuba, quedó totalmente demostrado,  según Arnold August, en su análisis Obama y CNN en Cuba: Cómo los “presos políticos” generaron titulares en los medios de comunicación.
Afirma: Hace muchos años Noam Chomsky analizó esta dinámica en su libro pionero titulado: Manufacturing Consent, basado principalmente en el estudio de los medios de comunicación estadounidenses. Explicó que el monopolio de los medios masivos de comunicación se guía por lo siguiente:   
La selección de un personal con mente que coincide con el status quo y editores y periodistas profesionales que interiorizan las prioridades y definiciones del interés periodístico, al coincidir con las políticas de la institución.”
Esos periodistas saben exactamente qué preguntar en las ruedas de prensa, qué escribir para difundir no solamente para mantener sus trabajos como corresponsales, sino además para ascender y lograr ingresos más lucrativos y cargos de prestigio.
Por ejemplo, si  Jim Acosta, el corresponsal de la CNN en inglés en la Casa Blanca, hubiera preguntado al presidente de EE.UU. (en la multitud de conferencias de prensa que abordan un sin fin de temas) acerca de los cientos de presos políticos en los EE.UU., ¿habría acompañado al presidente en su viaje a La Habana?
Si Acosta hubiera tenido la iniciativa y el interés en el tema de los derechos humanos, tal como se practica en los EE.UU., ni siquiera hubiera sido “seleccionado”, tal como lo expresa Chomsky. 
Por eso fue todo intencionado en su primera pregunta al presidente Raúl Castro, de lo contrario no vuelve a estar en el pool que acompaña a Obama.
Es la muestra de la hegemonía mediática contemporánea, con alta capacidad para sembrar sentido e ideología, capaz de seleccionar que leer, oír o ver según la intención y el estudio constante de los sistemas de audiencias.
 Cuba asume un modelo alternativo de libertad de prensa, acorde a su realidad histórica, muy lejos de esa fórmula dogmática, con la ideología del Imperio y manipuladora de intereses ajenos.
 La defensa a esos supuestos ataques a la libertad de expresión, que nos endilgan, son mecanismos utilizados con objetivos abiertamente políticos y dentro del entramado del mismo Bloqueo.
Su cacareada libertad de prensa es la libertad de esa minoría dueña de la hegemonía mediática, para divulgar a su antojo. Es la negación al resto del derecho a informarse con objetividad y precisión definir orientaciones, enfoques y énfasis de las informaciones, como evidencia las realidades de Ucrania, Venezuela,  Ecuador, Siria, Brasil, Argentina.
Nunca, tales valores, estuvieron divorciados de las clases dominantes y los escenarios siempre fueron diseñados en correspondencia con sus intereses: los sectores sociales que deben ser incluidos o marginados, para definir juicios de valores y sentimientos como un tribunal, sin legitimidad.
Un editor del The New York Times, al terminar la guerra en el Golfo en 1991, dio una evidente conclusión sobre el asunto: “En Estados Unidos es difícil hablar de prensa independiente. Uno puede ser despedido si escribe algo ajeno a los intereses del poder. Tal vez lo más prudente sea reconocer nuestro estatus de prostitutos intelectuales”.
Esta hegemonía no es neutra, es parcial y toma partido según el poder para favorecer intereses, defender posiciones y combatir cualquier otra ideología contraria, al acuñar léxicos y definir sentido a las palabras, acorde con el discurso mediático dominante.
Cuando los autores del libro ¿Disidentes o Mercenarios?   Entrevistaron al secretario general de Reporteros Sin Fronteras, declaró: “Cuba es nuestra prioridad”. Ellos preguntaron ¿por qué no Colombia o Perú, donde asesinan a periodistas? y él respondió: “Porque en Cuba no hay libertad de prensa, en Colombia o Perú los demás periodistas pueden protestar por esos asesinatos”.
En el caso concreto de la guerra de Iraq, los periodistas norteamericanos, entrenados militarmente, fueron a esos escenarios bélicos para reportar, en correspondencia con los intereses del Poder.
No se conoce el caso de empresas de la hegemonía mediáticas, destinadas a otra cosa que no sea manipular la conciencia de las audiencias, saturarlas y engañarlas, para poder acentuar, aún más, sus objetivos con intención marcada en la desinformación, información falsa o no decir ni una palabra sobre tal acontecimiento.
Una de las novedades añadidas con fuerza en la actualidad es la libertad de mentir. Ya no sólo  tergiversan con el perverso propósito de crear confusiones en la opinión pública, sino que fabrican descaradamente desinformaciones.
Baste ejemplos de comprobación, para aquilatar hasta dónde llega esa libertad. ¿Pudo la gran prensa estadounidense hablar objetivamente de los Cinco Héroes en  todos los años que estuvieron presos?  ¿Hay tanta libertad cómo para pedirle al New York Time, que trate algún tema en contra del poder global? Y si lo hacen es porque tienen un designio ya aprobado.
Y no sólo en la Prensa,  un tribunal federal ratificó la demanda de una junta escolar  sobre el libro infantil Vamos a Cuba, de prohibirlo de las bibliotecas de la Florida, sólo porque pondera nuestro estilo de vida. ¿Esa es la libertad de expresión que promulgan?,
Pero nosotros no llamamos libertad de prensa a la posibilidad de los enemigos de la Revolución a desprestigiarnos sobre la base de calumnias y mentiras, ni a la tonta manera de brindarles la oportunidad de hacerlo, por las mismas situaciones de Cuba (país aún bloqueado y asediado) la libertad de prensa aquí está condicionada a la defensa nacional, pero si acatamos cualquier crítica honesta y constructiva.
Y no es que no hagamos críticas, la hacemos. Hay facultades y libre elección editorial, porque las consideramos instrumentos de perfeccionamiento del camino socialista, pero una crítica responsable, constructiva, encaminada a la solución de los problemas no a la hecha con falta de ética, banal, morbosa, superficial, tendenciosa y menos para complacer a nadie, con lo que quieren leer.
Tal vez por esa misma concepción de  no ofrecerle informaciones, que puedan utilizar después para atacarnos y  cumplir su  viejo anhelo de destruir a la Revolución, en varias decisiones, nos auto censuramos, pero estamos conscientes que puede haber consecuencias negativas y de ahí  la defensa que es mejor equivocarse en la crítica que dejarla de hacer.                                                                                                                                                                                                        
La única exigencia para el tratamiento de un asunto determinado, por muy escabroso que sea, es la profesionalidad a la hora de hacerlo y la intencionalidad.  ¿Realmente ese tema merece ser publicado? ¿Ayuda a nuestros intereses una investigación al respecto?, son preguntas primiciales al acto de la planificación editorial.
En la entrevista al Comandante en Jefe, por Ignacio Ramonet, define una cuestión cardinal, que marca cualquier diferencia:”Nuestros órganos de prensa no están en manos de los enemigos de la Revolución, ni en manos de agentes de los Estados Unidos. Están en manos de revolucionarios. Nuestra prensa es revolucionaria, nuestros periodistas, en la radio, en la televisión, son revolucionarios”.
Y si tenemos esa honrosa categoría, debe ser traducida en salvaguardianes incondicionales de la Revolución Cubana, pero, insisto, para luchar desde dentro de la Revolución Cubana.
Para ello la realidad actual convoca a elevar la inteligencia y reflejarla en los productos comunicativos que reciben las audiencias cubanas, las cuales, cada vez más, tienen accesos a diversos medios extranjeros para conocer, razonar, entretenerse y hasta informarse.
 Deben resolverse definitivamente algunos dilemas específicos que pueden llevar a focos de conflictos, como desconocer que la información no puede esperar, hay que darla en sus diferentes matices y con las explicaciones correspondientes, para que pueda comprenderse, como se hace ahora con los casos de zika.
Porque la actualización del modelo cubano requiere de un periodismo protagónico y equilibrado, en un ascendente espiral para eliminar cualquier zigzagueo.
Debe primar el cambio hacia un periodismo revolucionariamente más crítico, reflexivo, investigativo, polémico, flexible y solo será posible si así lo comprende todo el andamiaje comunicativo cubano, sin culparse, unos a otros, de cualquier responsabilidad  si es del Partido, directores, periodistas, editores, fuentes.
Porque no todas las insuficiencias del sistema mediático cubano son de la responsabilidad del periodista, pero  nos culpan cuando pifiamos al no darle seguimiento a acontecimientos sensibles o no publicamos noticias notorias que son secretos a voces, o lo hacemos tardíamente, a veces sin todos los elementos.
Cualquier tipo de censura, autocensura, prolongada prudencia no podrán sostenerse por más tiempos en nuestras redacciones, necesitadas de mayor autorregulación y fidelidad a sus audiencias, sin pensar que una ley de prensa u otro andamiaje jurídico resolverán la situación
Porque donde esté el interés de la gente, allí  debe estar el oído pegado a la tierra de funcionarios estatales y, principalmente, con prioridad en la agenda mediática.
Comparto con Alejandro Ulloa García (Periodista del Canal Educativo II) al defender que la agenda mediática deberá acercarse, inobjetablemente, al interés público.
El periodista cubano (a) deberá ser más un comentarista de esquina, un informador de la calle, un analista de “las colas” y, todo eso, potenciado por óptimas competencias profesionales que le permitan “multimedializar” los contenidos tratados, además, de generar altos intereses en sus audiencias metas.
Porque lo que nos va a seguir alentando para tratar de ser más útiles al país, a la sociedad, a nuestra gente, es la capacidad de diálogo, con una agenda mediática protagónica de la total realidad, según las líneas de intereses públicos de cada lugar, concluyó.
Si hacemos un estudio mediático cubano, no siempre nos acercamos a la cotidianidad, a los problemas reales de nuestra sociedad y ni hablar de ¿cuánto de creatividad, originalidad y repercusión les faltan hoy a nuestras informaciones, entrevistas, comentarios o crónicas?
Cómo reclaman periodistas, en diversas reuniones sobre estos asuntos: “Lo importante sería que no haya tema censurado o autocensurado, por duro que este fuera, ni asunto aplazado. Que cada cosa se llame por su nombre y a cada problema lo acompañe el diagnóstico adecuado para reforzar la confianza mediática que, en ocasiones, la definimos como muy buena, sin estudio profundo de ella”.
Aún no está en nuestros medios la capacidad de diálogo culto, reflexivo, de polémica, desde una posición de perfeccionamiento, de respeto, de comprensión hacia los complicados temas de la realidad nacional, en constante actualización del Modelo Cubano.
No hay un reconocimiento tácito al quehacer periodístico por las audiencias – con honrosas excepciones- y hay lógicas reaccione ante  evidencias de secretismos y de vacíos informativos.
Lo cierto es que aún faltan análisis, explicaciones, dar continuidad a temas impactantes en la sociedad, como hechos que provocan indignación y discrepancia en la población, aunque, hay intentos, el papel no es protagónico en el ámbito de cada medio en la lucha por enmendar, resolver, cambiar y desterrar errores, al aproximarse, cada día más, a las audiencias con tratamiento adecuado a temas polémicos y críticos del entorno nacional o territoriales.
Al  informar sobre una disposición de gran impacto popular, sin emplear el organismo correspondiente su política de comunicación,  surgen un grupo de porqués, para poner a la prensa a la defensiva, sin a veces tener los argumentos y las explicaciones necesarias. 
 Un principio de esta Revolución es consultar al pueblo siempre, comunicar, informar adecuadamente y cuando no se haga, como corresponde, entonces es complejo, desde la prensa, facilitar el paso al talento, contribuir a la política de cambios y explicar, hasta el detalle, las razones de lo nuevo para orientar, convencer y reafirmar la participación en las tomas de decisiones.  
Porque nos corresponde, como mediadores de esta sociedad que somos, interpretar, en cada momento, lo que el pueblo demanda y suministrarle información adecuada, veraz y lo más completa posible y, luego, canalizar sus opiniones en un fortalecimiento de la democracia.
Nuestro periodismo humanista tiene que siempre acompañar a la gente, para que razone y reflexione sobre los complejos asuntos de los diferentes escenarios del país.
Para ello la creación, innovación son palabras insustituibles en los medios cubanos, para marchar a una comunicación abierta y, en una construcción colectiva, someter a análisis constantemente nuestros propios errores y cambios como sociedad.
No podemos obviar que crece el consumo de información, por diversas vías, de la industria extranjera, más jóvenes cubanos (as) participan activamente en las redes sociales, en listas de correos electrónicos, aumentan las plataformas creadas por colectivos no mediáticos, más uso de medios inteligentes que aceleran el intercambio de materiales, con un auge en la interactividad entre cubanos (as).
Y, a todo esto, no cambia sustancialmente la base material en nuestros medios. Cada vez se consume menos informativos por vías tradicionales realidad que, a veces, tratamos de soslayarla.
Pero sin dudas la calidad del periodismo se resiente por una suma de factores, entre los cuales están los recursos humanos, materiales y las llamadas mediaciones externas, que puede ser mayor o menor y la no solución salarial, entre otras, como reiteran desde abril del 2016, en diversas provincias, durante la valoración sobre las 26 proyecciones de trabajo de la organización, aprobadas en el IX Congreso de la Upec, hace tres años.
El triunfalismo aparece y desaparece, incluso crece en informaciones vacías, que hasta desinforman, hay  alabanzas y no podemos descuidar que el acomodamiento a las glorias pasadas nos hace daño, como sostiene  el estelar periodista José Alejandro Rodríguez.
Hay profesionales de la prensa, editores y directivos anclados en estilos y concepciones ya ineficaces para la Cuba del 2016, las transformaciones organizacionales, en el sistema redaccional, no se aceleran y  las audiencias  emigran con facilidad en este mundo mediático de la Sociedad de la Información y las Comunicaciones.
El momento exige analizar, desde el punto de vista histórico, el impacto de las tecnologías de la comunicación, pues esta es una prensa en tiempo real, por lo tanto hay que cambiar mentalidades, conceptos, revisar lo que nos hemos propuestos, los argumentos de otras épocas, que ahora hay que retomarlos de otra manera, reitera en diferente reuniones, el periodista y presidente de la Upec, Antonio Moltó Martorell.
Cómo se dice a coro en el gremio: “Es reflejar la realidad cubana en toda su diversidad, informar de la obra de la Revolución con sus aciertos, errores y darle espacios a la diversidad de opiniones”.
Así piensan otros profesionales cubanos, quien en determinados momentos menciona el tema:
Milena Recio (profesora del Instituto de Periodismo José Martí): En estos tiempos de urgencia Martí, que sabía de urgencias; de “es ahora o nunca”, hubiera quizás prestado sus servicios agitándonos para que no perdamos en plena tormenta tres brújulas: nuestros medios de comunicación son públicos (esto es: ningún interés no mayoritario en número y voluntad se puede apropiar de su uso); dos, son de servicio público (esto es: deben ayudar a la colectividad a vivir mejor en todos los sentidos en que esto se pueda comprender); tres: fueron conquistados por una Revolución y no deben dejar de ser parte (que no instrumento) de esa Revolución. No se es periodista por tener un título, sino porque hay una necesidad interna, fuerte, imperiosa, de no quedar ajenos a lo que sucede a nuestro alrededor, ni dejar ajenos a quienes nos rodean.
Pelayo Terry Cuervo, director de Granma: La prensa cubana tiene por delante muchos retos, el primero es acoplarse a los tiempos que corren. Todavía la prensa y en general los que trabajamos para ella, no estamos al nivel de lo que se está pidiendo hoy en el mundo mediático, en relación con la forma y los contenidos que se están produciendo.
Un segundo desafío que tiene la prensa hoy es mejorar la profesionalidad de los actores que intervienen en ella, porque si un día llegan mejores condiciones de trabajo al entorno de la prensa cubana y no tenemos buenos profesionales, cualquier esfuerzo que se haga no tendrá el resultado que se requiere y  debe detenerse la instauración de malos hábitos en rutinas productivas.
 La prensa hoy debe vibrar más cerca de lo que está sucediendo en la sociedad,  quedan muchos vacíos en cuanto a lo que sucede y lo que reflejamos como prensa en general.
Un periodismo que se parezca a nuestros tiempos, podría ser la definición de lo que se necesita. Diría más: un periodismo acorde al socialismo de hoy, al que construimos para mañana, pero más “revolucionario” en la más alta dimensión de la palabra. En otras palabras, más activo, creativo, menos estrecho y enmarcado, más profesional y efectivo, más reflexivo y dinámico, más realista, más cubano, precisó
Bertha Mojena (periodista):  La fórmula para ser creíbles en el siglo XXI, donde la gente tiene un nivel cultural muy amplio y acceso a la información, la idea no puede ser la imposición, tiene que ser el debate, la contraposición de ideas, esto es lo que la sociedad está necesitando.
Jorge Legañoa (Periodista, compilador del libro Cuentos del Arañero, subdirector de la ACN)  El desafío más grande, como periodistas, es lograr que no nos apaguen el radio, la TV o cierren un periódico, por algo tan terrible como no llevarle al pueblo el reflejo de la realidad de forma amena, interesante, con una factura sin vicios de encartonamiento y con verdaderos valores noticias.
 Margarita Barrios (periodista del diario Juventud Rebelde) El periodista es una persona que tiene que estar siempre informado, siempre estudiando y, sin embargo, eso es muy difícil, no todos los periodistas tienen en su casa una máquina con Internet. Por otra parte, están las barreras de la información, los temores fundados y mal infundados sobre qué se debe hacer, a veces los límites parten de nosotros mismos.
Alina Perera, periodista de Juventud Rebelde: Nadie tiene derecho a disminuirnos o a entorpecer nuestra labor. El pueblo, que es sabio y culto, nunca lo ha hecho.
El profesor, amigo y lamentablemente ya fallecido doctor Julio García Luis: La prensa cubana no es la solución de todos los problemas, pero puede contribuir mucho más a solucionar muchos problemas.  Nuestra virtud no será nunca ser inocuos, sino ser inteligentes guerreros de vanguardia en la confrontación de ideas, en todos los espacios, a toda hora, desde Granma hasta las redes sociales e Internet.
Este empeño lo dirige el Partido, lo inspiran Fidel y Raúl, lo deben acompañar las instituciones y la sociedad todas, y todos deben saber que la prensa y los periodistas no pretendemos ningún protagonismo especial, sino solo ocupar el lugar y cumplir la misión que nos toca al servicio de nuestro pueblo, enfatiza.
Para Miguel Díaz-Canel Bermúdez, miembro del Buró Político y vicepresidente primero de los Consejos de Estado y de Ministros, quien, entre sus tantas responsabilidades, también está el sistema de prensa en Cuba, en varias reflexiones defiende:
Es importante compartir una cultura de trabajo que se oriente a la calidad, al orden, la exigencia, la belleza y el apoyo que, desde la prensa, le hagamos a la construcción del socialismo, es indispensable, porque un periodismo mejor es posible. Esa es nuestra lucha y como siempre en esa lucha venceremos.
 Necesitamos profundizar en la relación de la prensa, los organismos, directores y el Partido, para fomentar un debate exigente, no complaciente, comprometido y apartador, como el que se dio en el Congreso de la Upec, no solo en las discusiones finales, sino las que se sucedieron desde la base.
Hay que rescatar en la prensa la capacidad de diálogo, de polémica, desde una posición de perfeccionamiento, de respeto, de comprensión hacia los complicados temas de la realidad nacional actual.
La pasión por la verdad, lo que debe caracterizar siempre la labor de los periodistas y medios revolucionarios cubanos.
Hoy se confía considerable y, se necesita mucho de los periodistas cubanos (as), para construir ese socialismo próspero y sostenible, que tanto queremos y necesitamos.
En un mundo de espionaje electrónico a países,  personas, con amenazas de guerra, la multiplicación del hambre, hay que preguntarse de qué verdades y de qué libertades estamos hablando cuando le hacemos el juego a quienes claman por ello desde el mundo capitalista.
Por ello la mejor manera de contrarrestar esa campaña de desinformación mediática contra Cuba es reflejar la realidad nacional, en toda su diversidad, informar de la obra de la Revolución con sus aciertos, errores con la mayor diversidad de opiniones.
Esto no es solo problema de la prensa, sino del Partido, de los directores de los medios, de los periodistas y de la sociedad en sentido general y por eso entre todos los vamos a resolver.
Debemos entender, además, que la ausencia de crítica, no hablar de lo que todos están hablando, es algo imperdonable, pues de cada hecho tenemos que dar nuestros argumentos, nuestras visiones, nuestras verdades.
El tema que más irrita y que más nos duele es el de las fuentes y sobre todo la ineficacia para implementar las orientaciones del Buró Político, para incrementar la eficacia informativa.
Nos estamos repitiendo en plantear los problemas y lo que no hemos encontrado es la manera de resolverlos, que se debe accionar de inmediato con las fuentes para acabar con los secretismos innecesarios.
A pesar de ello también es importante mirarse hacia adentro los propios periodistas y los medios, revisar lo que hacemos, para evitar en vez de informar desinformar y, a su vez, desterrar la vieja idea de acomodar a alguien para que piense que para buscar la información y la noticia debe orientarse, pues hay que salir a buscarlas.
En nuestra prensa no hay mentiras. En prensas internacionales, hay mentiras, especulaciones, manipulación. Nuestra prensa es sincera, lo que a veces no dice toda la verdad. Creo que a veces limita, en algunos temas, la verdad, porque no se profundiza.
Pero nuestra prensa es veraz, por lo tanto eso le da credibilidad. Deja insatisfacciones, porque a veces tiene vacíos informativos y porque a veces las problemáticas no las tratan con toda la integralidad, por lo tanto no está todo el espectro que podría tener un tema. Si se perfeccionan todos estos elementos esa credibilidad puede aumentar.
Por esa razón  sobre la costumbre de algunos funcionarios de ver la prensa y el trabajo de esta no como un aliado para superarse, sino como algo que viene a criticar, a destruir, indeseable, cuando esa es la prensa de la Revolución, del Partido, de nuestro pueblo, hasta aquí las ideas de Díaz- Canel.
El Cuba el Partido Comunista dirige la Política Informativa, o sea no las líneas editoriales del medio. Muchas veces ambas funciones se confunden y hasta hay quienes, desde posiciones directivas, pide la participación de los periodistas en la Política Informativa, cuando realmente debe ser en la editorial.
Esa Política Informativa, en la primera Conferencia Nacional del Partido, en los objetivos propuestos en el Capítulo II, del trabajo político e ideológico detalla:
Objetivo No. 69. Reflejar, a través de los medios audiovisuales, la prensa escrita y digital con profesionalidad y apego a las características de cada uno, la realidad cubana en toda su diversidad en cuanto a la situación económica, laboral y social, género, color de la piel, creencias religiosas, orientación sexual y origen territorial.
Objetivo No. 70. Lograr que los medios de comunicación masiva informen de manera oportuna, objetiva, sistemática y transparente la política del Partido sobre el desarrollo de la obra de la evolución, los problemas, dificultades, insuficiencias y adversidades que debemos enfrentar; supriman los vacíos informativos y las manifestaciones del secretismo, y tengan en cuenta las necesidades e intereses de la población.
Objetivo No. 71. Garantizar que los medios de comunicación masiva se apoyen en criterios y estudios científicos, sean una plataforma eficaz de expresión para la cultura y el debate y ofrezcan caminos al conocimiento, al análisis y al ejercicio permanente de la opinión. Exigir de la prensa y las fuentes de información el cumplimiento de sus respectivas responsabilidades, a fin de asegurar el desarrollo de un periodismo más noticioso, objetivo y de investigación.
Objetivo No. 72. Actualizar la política de programación del Instituto Cubano de Radio y Televisión sobre la base del uso racional de los recursos, la calidad en la producción nacional y el rigor en la selección de la producción extranjera.
Todos sabemos qué hacer, cómo hacerlo. La interrogante es ¿Por qué no lo hacemos? ¿Qué falla para tener la prensa que necesita las audiencias cubanas?: responsable, valiente, participativa y revolucionaria, incluso coinciden con esta línea de pensamiento  Alina Perera Robbio, José Pepe Alejandro Rodríguez y Ricardo Ronquillo Bello,  todos de la escuela de Juventud Rebelde, en el programa: Hablando Claro, de Radio Rebelde, en la edición dedicada a la Prensa Cubana, el 14 de marzo del 2016.
En mi opinión, de más de 43 años en el gremio, como periodista de ¡ahora!, corresponsal de Juventud Rebelde, jefe de la sección de Política Informativa en el Comité provincial del Partido, en Holguín, director, por 21 años, de la Casa Editora ¡ahora! y profesor en la carrera de Periodismo, de la Universidad de Holguín, es que todo el sistema cumpla con su responsabilidad, sin transgredir limites.
 Para ello comparto con el doctor Julio García Luís, en su libro Revolución, Socialismo, Periodismo: “Bajo el control popular y con una gran autorregulación a partir de principios pertinentes al proyecto histórico del socialismo,  el modelo de Periodismo que deberá erigirse, desde la sociedad cubana, requiere partir del compromiso voluntario de todos los participantes en el proceso de comunicación para su uso responsable de legitimación y fortalecimiento del sistema, porque una opinión pública alerta, informada y crítica contribuye a un auténtico periodismo.”
En los medios cubanos, estoy seguro,  estamos en un momento idóneo para iniciar   la autorregulación periodística e irla perfeccionándola con nuestras características, en aras de fortalecer  las tomas de decisiones de los colectivos, en un constante análisis para la gestión de contenidos, servicios y entretenimientos, como base de las nuevas formas para organizar y planificar los flujos productivos, según cada soporte, premisas para fortalecer a la prensa cubana, en este mundo de hegemonía mediática.
Podemos vigorizar la deontología periodística, analizar, además,  la obra del estudioso y catedrático Hugo Aznar, profesor de Ética de la Comunicación de la Universidad Cardenal Herrera - CEU de Valencia.
Para Aznar  la autorregulación es “el conjunto de iniciativas, acuerdos, organismos, instrumentos y mecanismos relacionados con la actividad de los medios y orientados a garantizar que su actuación se ajuste a los valores y normas éticas que se consideran deseables" que, convenidas a nuestras condiciones,  pueden ayudar mucho en el modelo de prensa que necesitamos.
De esta manera lograremos fortalecer la confianza de las audiencias al impedir que el medio  pierda la capacidad de seleccionar la información y los asuntos de interés de la sociedad, los que algunos nombran “temas importantes de interés público fueras de las agendas mediáticas”.
Al fortalecer este sistema  denunciarían con frecuencia los asuntos cruciales analizados a puertas cerradas, en contra de la Política Informativa y  en fidelidad con las audiencias, como un acto de responsabilidad para evitar procedimientos de censura o autocensura, presentes en esas acciones, por cualquier motivo.
La autorregulación enriquecería la Política Informativa que, desde el mismo inicio de la Revolución y, luego, en diferentes resoluciones, acuerdos y congresos, refrenda la realización de un mejor periodismo, dentro de un marco de libertad ya garantizada, al ratificar que es el directivo del medio, quien decide la agenda mediática, pero conocemos que asoman censuras o autocensuras, con diferentes matices, que al final nos hace un gran daño a todos, en especial a la Revolución.
 Por eso la autorregulación es una de las mejores defensas,  no porque sea una varita mágica, sino por la importancia de la reflexión colectiva y, si la decisión es no reflejar el tema, compartirlo con las audiencias y al final hay un criterio propio, públicamente reconocido y resulta más difícil imponer otro distinto.
 La autocensura aparece sutilmente, incluso desde la selección de los hechos noticiosos, la revisión de estilo, labor de editores hasta la definición de publicación, por cierto instinto de conservación de la misma especie humana, al temer repercusiones negativas y ocurre, en ocasiones, muy solapada.
En un ejercicio de responsabilidad colectiva del medio, con los compromisos, fines y valores propios de la comunicación en nuestra sociedad, características que distinguen a los (as) periodistas cubanos, en condiciones favorables para crecer más en la labor de la profesión, en tomas de decisiones colectivas, con la participación comprometida  de organizaciones políticas y gremiales del centro, hasta lograr una consistente aprobación de las agendas mediáticas. 
Las pautas éticas de la comunicación en Cuba reposan, por tanto, en los presupuestos compartidos de una ética pública, con valores y principios morales constitucionales de nuestra sociedad, abonadas por José Martí y Fidel Castro.
No debemos llegar en Cuba a normas coactivas, como las del derecho, aunque algunos colegas son partidarios de la Ley de prensa, para que todo funcione bien, pero por nuestras características, el sustento de recomendaciones éticas fortalecerá el proceso de comunicación integral de la nación, con total voluntad política para ello.
La finalidad y la efectividad de la autorregulación deben medirse con arreglo a los retos y las complejidades de la sociedad cubana actual, ajustadas a medios tradicionales, soportes, redes sociales y hasta la geografía del país, según su idiosincrasia y, como garantía, está la Política Informativa, que en su letra defiende un periodismo más apegado a la gente, investigativo, crítico y reflexivo, sin temas tabúes.   
Ahora bien los mecanismos y las figuras que suelen utilizarse para aplicar la autorregulación deben renacer en los medios cubanos, según las características de cada uno, como el código deontológico, que puede incluir el libro de estilo acorde con los diferentes soportes, estatutos de la redacción,  convenios de autorregulación con todas las partes y la importante figura del defensor de las audiencias, entre muchas otros y todos sujetos del veredicto público.
Estos ajustes normativos del funcionamiento son totalmente factibles en Cuba, donde las audiencias son críticas de los medios, en un escenario favorable para mutuos aprendizajes y cooperaciones con una progresiva interactividad y, según el grado de satisfacción o no, sabremos si nuestras agendas están pegadas a la gente, para orgullo o no de la sociedad cubana.
En resumen el problema más complejo para la realidad mediática cubana es cómo entroncar todo esto en un marco de creatividad, compromiso y libertad profesional,  para lograr el pedido del maestro y amigo Julio García Luís: “una opinión pública alerta, informada y crítica contribuye a un auténtico periodismo”
¡Ahí está la prensa que necesita Cuba!
 Fuentes:
·          Aguilera, Octavio, Las ideologías en el periodismo, Ed.Paraninfo, 2º Edición, Madrid, 1991
·         Arnold August, un periodista y conferencista canadiense, es el autor de los libros Democracy in Cuba and the 1997–98 Elections y más recientemente, Cuba y sus vecinos: Democracia en movimiento. Los países vecinos a Cuba son, por un lado, EE.UU. y por otro lado Venezuela, Bolivia y Ecuador. Se puede seguir a Arnold en Twitter: @Arnold_August. Su sitio web: www.lademocracia.com.
·         Aznar, Hugo. "Ética de la comunicación y nuevos retos sociales. Códigos y recomendaciones para los medios". Paidós. Barcelona, 2005.
·         Aznar, Hugo (2000): Publicidad y ética: la vía de la autorregulación. Revista Latina de Comunicación Social, 25. Recuperado el x de xxxx de 200x de:http://www.ull.es/publicaciones/latina/aa2000yen/148hugoaznar.html       
·         Aznar, Hugo (1994): "Cuestiones morales en torno al uso del dolor en la publicidad", 'Comunicación y Sociedad', vol. II, núm. 2, pp. 75-81.
·         Aznar Hugo (1999a): 'Comunicación responsable'. Barcelona: Ariel.
·          Aznar, Hugo (1999b): 'Ética y periodismo'. Barcelona: Paidós.
·         European Advertising Standards Alliance (EASA) (1997): 'La guía de autorregulación de EASA'. Bruselas: EASA.
·         Edward S. Herman y Noam Chomsky, Manufacturing Consent: The Political Economy of the Mass Media (New York: Pantheon Books, 2002), XI.
·         García Luis, Julio: Ética y moral en la comunicación Social.  Selección de lecturas,
·         García Luís, Julio(2005) Deontología y ética de la comunicación social. Ediciones Félix Valera, La Habana.
·         García Luis, Julio(2013) Revolución, Socialismo, Periodismo,. Editorial Pablo de la Torriente.
·          López Bombino, Luis.R (2006): El saber ético de ayer a hoy. Ediciones Félix Varela, La Habana. Tomo I Y II.
·         López Bombino, Luis R (2002): Ética y Sociedad.  Tomo I.   Editorial Félix Varela. 
[editar] Véase también









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Sunday, May 15, 2016

#CUBA Declaración de las organizaciones sociales y de masas de cuba en respaldo a la presidenta Dilma Rousseff y contra el golpe de estado en Brasil





#Cuba No al golpe Brasil


#Cuba No al golpe Brasil
Las organizaciones sociales y de masas de la Revolución Cubana que acompañamos los esfuerzos articuladores y de lucha por la justicia social y la unidad continental, manifestamos nuestra indignación y condena al golpe de Estado parlamentario que en el día de ayer consumó un paso alarmante en el propósito de destituir a la Presidenta Dilma Rousseff.
Durante el montaje de este nuevo atentado contra el Estado de Derecho y la democracia en Brasil, con el cual se ha irrespetado el voto popular de más de 54 millones de brasileños y brasileñas, no se han presentado pruebas de crímenes de responsabilidad que justifiquen un juicio político en contra de la Presidenta Dilma, quien se ve forzada a dejar su cargo a partir de hoy por un periodo de 6 meses, hasta que se realice una votación final, que decidirá por el impeachment o no. Sin embargo, la norma constitucional prohíbe la aplicación de un juicio político sin la existencia de un delito que justifique esta medida extrema. Ni sus peores enemigos han logrado acusarla de algún acto de corrupción o en beneficio personal.
Esta maniobra es un evidente golpe orquestado por la ofensiva conservadora que desarrollan el imperialismo y las oligarquías contra los gobiernos de izquierda y progresistas en Nuestra América, con la clara intención de truncar los avances sociales y políticos alcanzados, y frenar el ascenso de la integración continental. Los verdaderos enemigos del pueblo: los intereses económicos de las grandes corporaciones transnacionales, el agronegocio y el capital financiero son los promotores y beneficiarios del golpismo.
Acompañamos las movilizaciones populares que tienen lugar en las calles de Brasil en contra del golpe y apoyamos al movimiento popular y social en lucha y resistencia.
Condenamos la criminalización de la protesta social que se lleva a cabo contra la mayoría ciudadana que respalda la obra de justicia social construida durante estos 13 años de gobiernos del PT, cuyos derechos civiles, políticos y democráticos están siendo pisoteados por una exigua mayoría parlamentaria.
Las organizaciones cubanas que hacemos parte de ALBA Movimientos y otros espacios articuladores en América Latina y el Caribe estamos en contra de las autoridades de facto que han usurpado Brasil y solo reconocemos la legitimidad del voto popular de los millones de brasileños y brasileñas que escogieron soberanamente a Dilma y al Partido de los Trabajadores para representarles en la sede del Planalto. Exhortamos a todos los amigos de Cuba en el mundo a sensibilizarse con lo que hoy ocurre en Brasil, a manifestar todo el apoyo al gobierno legítimo de Dilma Rousseff y a reclamar respeto a la voluntad popular expresada en las urnas.
La unidad de acción en este momento es imprescindible y hay que fortalecerla. La defensa de la democracia en Brasil significa también defender a todos nuestros pueblos y la integración latinoamericana y caribeña.
¡Unidad, organización, solidaridad y lucha para hacer realidad el sueño de una Patria Grande con justicia social y soberanía popular!
¡El pueblo de Brasil no está solo!
¡En Brasil, golpe Nunca Más!
#Cuba No al golpe Brasil
La Habana, 12 de mayo de 2016

Asociación Nacional de Agricultores Pequeños
Comités de Defensa de la Revolución
Central de Trabajadores de Cuba
Federación de Mujeres Cubanas
Movimiento Cubano por la Paz y la Soberanía de los Pueblos
Instituto Cubano de Amistad con los Pueblos
Red En Defensa de la Humanidad-Cuba
Unión de Jóvenes Comunistas
Federación Estudiantil Universitaria
Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes
Centro Memorial Dr. Martin Luther King, Jr.
Organización de Solidaridad de los Pueblos de África, Asia y América Latina
STATEMENT OF THE SOCIAL AND MASS ORGANIZATIONS OF CUBA IN SUPPORT OF PRESIDENT DILMA ROUSSEFF AND AGAINST THE COUP D’ÉTAT IN BRAZIL
The undersigned, social and mass organizations of the Cuban Revolution that support the efforts to join together the struggles for social justice and unity in the continent, express our anger and condemn the parliamentary coup d’état that took place yesterday as an alarming step in the purpose of removing President Dilma Rouseff from her post.
The staging of this new attempted coup against the state of law and democracy in Brazil, ignoring the popular vote of more than 54 million Brazilians, has not presented evidence of crimes of responsibility to justify a political trial against President Dilma, who has been forced to abandon her post as of this date for a six-month period until a final voting will decide whether or not there is impeachment. However, the constitutional norm forbids the enforcement of a political trial without the existence of a crime to justify such extreme measure. Not even her worst enemies have been able to accuse her of any act of corruption or in her personal benefit.
This maneuver is an evident coup organized by the conservative offensive developed by imperialism and the oligarchies against the leftist and progressive governments in Our America, with the clear purpose of stopping the social and political advances already achieved and preventing the rise of integration in the continent. The true enemies of the people – the economic interests of the large transnational corporations, agricultural businesses and financial capital – are the promoters and beneficiaries of the coup.
We accompany the popular demonstrations against the coup taking place in the streets of Brazil and support the popular and social movements in their struggle and resistance.
We condemn the criminalization of the social protests of the majority of the population that supports the work in favor of social justice developed in these thirteen years of PT governments, and whose civil, political and democratic rights are being abused by a meager parliamentary majority.
The Cuban organizations belonging to ALBA Movements and other integration spaces in Latin America and the Caribbean are against the de facto authorities that have usurped Brazil. We only recognize the legitimacy of the popular vote of the millions of Brazilians who, with popular sovereignty, elected Dilma and the Workers’ Party (PT) to represent them at the head of the Brazilian government.
We exhort all friends of Cuba in the world to gain conscience of what is happening today in Brazil, to show their full support to the legitimate government of Dilma Rousseff, and to demand respect for the popular will expressed through the ballots.
Unity in action is essential at this moment, and it has to be strengthened. Defending democracy in Brazil also means defending all our peoples and Latin American and Caribbean integration.
Unity, organization, solidarity and struggle to make the dream of a Great Fatherland with social justice and popular sovereignty become true!
The Brazilian people are not alone!
Never more a coup in Brazil!
Havana, May 12, 2016

National Association of Small Farmers
Committees for the Defense of the Revolution
National Labor Trade Union of Cuba
Federation of Cuban Women
Cuban Movement for Peace and Sovereignty of the Peoples
Cuban Institute of Friendship with the Peoples
Network In Defense of Humanity – Cuba
Union of Young Communists
University Students’ Federation
Latin American and Caribbean Continental Students’ Organization
Dr. Martin Luther King, Jr. Memorial Center
Organization of Solidarity of the Peoples of Africa, Asia and Latin