Wednesday, November 01, 2006

No es un bloqueo, y menos un embargo.

Este hospital, el Clínico Quilúrgico, uno de los más importantes en la provincia de Holguín, aún no se ha podido concluir, con varios servicios sin intalarse muestra evidente del Bloqueo, que impide adquirir equipos y medicamentos en los Estados Unidos o en cualquier lugar del mundo en que ellos tengan propiedades, ¿Es un embargo? No, una guerra económica.
Por Rodobaldo Martínez Pérez
rodo@ahora.cu
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Cada vez son más falsos los argumentos del Emperador sobre el bloqueo contra nuestra Cuba, por más de 45 años.
Realmente jamás se puede comparar con un embargo, e incluso ni es un bloqueo, sino una guerra económica.
Por decimoquinta vez la Asamblea General de las Naciones Unidas analizará el proyecto cubano de resolución: Necesidad de poner fin al bloqueo económico, comercial y financiero de los Estados Unidos de América contra Cuba.
Pero el Emperador es sordo ante la opinión pública mundial. El año pasado 182 países, cifra récord, votaron a favor de suspender esa criminal acción de la mayor potencia del mundo, contra una pequeña nación, por el simple hecho de querer ser soberana.
Si puedes revisar las normas del Derecho Internacional, ni una palabra, ni un punto justifica, en tiempo de paz, el bloqueo de un país contra otro.
Nuestros derechos humanos son violados constantemente con ese endemoniado bloqueo. Es un acto de guerra contra mi país, donde mis coterráneos, cada día, sienten en carne propia los efectos de esta criminal decisión.
Mire en Holguín, en una provincia a más de 700 kilómetros de La Habana, tiene un solo periódico para más de 800 lectores potenciales y nada más sale el sábado, con 8 páginas. Y en blanco y negro. El bloqueo no permite más.
Pero si vas a trasladarte de un sitio a otro, te golpea el bloqueo. Es complejo para el país adquirir nuevos ómnibus, taxis, camiones, unas veces porque no tenemos los créditos necesarios y otras porque temen vendérnoslos por miedo a ser sancionados por el Imperio.
Entonces se observan grupos de personas, por largas horas, esperando un transporte para llegar temprano al trabajo, escuela, visitar a familiares, al médico, pasear en un día de vacaciones o asueto.
Cientos de cubanos, con ese espíritu constante de resistir, se trasladan en bicicletas, pero no lo hacen por goces ni como deporte sino por necesidad.
Los viejos carruajes, tirados por caballos, que en los años ‘80, del siglo pasado, se empleaban para disfrutar de paseos nocturnos, se convirtieron, a partir de la década del ‘90, cuando Cuba pierde más del 80 por ciento de su comercio exterior, en un medio de transporte fundamental para moverse en ciudades y campos.
El Estado hace los mayores esfuerzos para mejorar el transporte, pero siempre se choca con el cerco del Emperador, quien está muy empeñado a arreciarlo más y más. Su ambición es vernos de rodilla, pero todo un pueblo dice jamás y seguimos adelante ganándole la batalla cada día.
Y mientras tanto el sacrificio es cotidiano, es la cruzada del día que te impone el criminal bloqueo.
Según las estadísticas este mezquino acto tiene un daño directo sobre nuestro pueblo y los cálculos, muy conservadores, superan los más de 86 mil millones de dólares.
Si tienes necesidad de asistir a un hospital, de inmediato te golpea el bloqueo, que no nos permite ni adquirir aspirinas en los Estados Unidos y ni pensar en apropiarnos de tecnologías de punta, ni hasta en los intercambios de literatura y entre científicos, pero nuestros médicos, enfermeras y personal de la Salud en general, hacen los mayores esfuerzos para suplir esa escasez y tenemos indicadores de países del primer mundo. La mortalidad infantil, sólo en esta provincia, es de 3,8 niños por cada mil nacidos vivos.
Nada, es la convivencia cotidiana, del que ningún cubano escapa al bloqueo, no importa el campo, la actividad, o si es de día o de noche, ahí están los dañinos efectos de la obsesión imperial.
Si tienes un familiar en Estados Unidos, es el Emperador quien decide cuándo se pueden ver y la categoría de familia que sería o la cantidad de dinero que mandaría.
Es tal cruel el bloqueo y lo quieren extender a cualquier rincón del mundo, sin importarles las voces que cada vez más se levantan en su contra, que recientemente a un niño cubano. Raysel Sosa Rojas, quien ganó un Premio Internacional sobre Medio Ambiente, auspiciado por la ONU, fue a Argelia a recibirlo.
Consistía en una cámara Nikón y sin miramiento fue despojado del obsequio, sencillamente porque el equipo fotográfico ya no es puramente japonés, sino tiene componentes norteamericanos y como el niño es cubano, simplemente no se lo dieron. Claro llegan hasta el bochorno.
Pero el Emperador no tiene parangón y arremete contra viento y marea. Recientemente unos investigadores y médicos de Estados Unidos recibieron el latigazo del Bloqueo, no lo dejaron asistir al Congreso Internacional de la Sociedad Cubana de Ortopedia y Traumatología.
Miren si va lejos el Emperador, que sin contemplación sancionó a 487 norteamericanos o residentes en los EE.UU porque viajaron a Cuba.
Muchos empresarios extranjeros que decidieron, o le da el deseo de tener negocios con los cubanos, tienen notificaciones del Departamento de Estado de los Estados Unidos de prohibirles la entrada al Imperio, e incluyen a sus familiares.
La complejidad del bloqueo a veces la converso con amigos y menos amigos de otras latitudes y no la entienden, no comprenden que por ejemplo en Cuba el desarrollo artístico se estimula en las diversas manifestaciones entre todas las edades, pero qué embarazoso es adquirir violines, pianos, flautas, zapatillas, leotares. Son engorrosas las transiciones comerciales y hay que acudir a terceros y cuartos países que sean guapos o se atrevan a desoír al Emperador y piden el más absoluto silencio.
No lo dudes, si Cuba hubiera accedido a los niveles y condiciones del financiamiento otorgados a los otros países, de similar nivel, la economía nuestra mostraría un grado muy superior.
Este 8 de noviembre la Asamblea General de las Naciones Unidas, seguro que volverá a condenar el bloqueo y el Emperador seguirá haciéndose el sordo, mientras que mi pueblo continuará ganando cada día la cruel guerra económica.