Wednesday, January 20, 2010

Alertas ante la "bondad" yanqui


Rodobaldo Martínez Pérez
Un niño llora, porque llama a su madre a gritos, la sacude, le da golpes en el rostro con su manita desnutrida, y ella no responde a su reclamo.
El no llega a entender que su mamá no puede ya oírle, porque se suma a los miles de cadáveres que llenan las calles de Puerto Príncipe, la capital de Haití, después que el 12 último el país fue destrozado por un terremoto de 7 grados en la escala de Richter.
Haití es hoy el pedazo de tierra que hubiera inspirado a Dante a escribir la segunda parte de su Infierno. Allí todo es caos. Los edificios derrumbados, la gente sin casas, sin alimentos, sin agua, sin electricidad, sin teléfonos, sin combustible. Los padres preguntan dónde están sus hijos y los hijos no saben donde están sus padres.
Pero, también, esta tierra de Makandal en un escenario de intenciones. De un lado el personal ayuda de Cuba, Venezuela, Nicaragua… comparte la miseria con esa pobre gente y del otro miles de soldados norteamericanos, camuflados hasta el infinito, dicen que llegaron a “cooperar”.
El mundo reflexivo se pregunta: ¿Para qué un lugar dónde hace falta médicos para curar tantas heridas, especialistas que restauren la electricidad y las comunicaciones colapsadas, bomberos para rescatar, voluntad y dinero para darle aire a esta nación asfixiada, se manda tantas tropas y hay tanto despliegue militar como si se fuera a una guerra?
Sin querer ser mal intencionado y como se conoce la naturaleza de esos “bondadosos”, los mismos que hicieron explotar el Maine y matar a su propia gente, para poder intervenir en Cuba, hay razones para preocuparse, porque el terremoto de Haití puede convertirse en el pretexto para desatar un tsunami guerrerista en la región.