Friday, June 01, 2007

Gibara: Tan encantadora como siempre




Colón la nombró Río de Mares


y dijo que era la tierra más hermosa


que ojos humanos vieron.


Hoy su gente quiere que cointinúe


siendo Gibara la Bella


Rodobaldo Martínez Pérez/ ¡ahora!






Ni Paris, Roma, Venecia o hasta cualquiera de las siete maravillas es mejor que Gibara. Así son de pretenciosos los gibareños, no importa que estén ausentes del terruño o viviendo cada uno de sus días. Son hombres y mujeres alegres, con muchas riquezas espirituales y deseosos de que su Villa esté cada vez más bella.
En cualquier esquina dicen: Puedes dormir ahí que nadie te toca. Recuerde que por aquí entró Colón y luego fue contando por el mundo: Esa es la tierra más hermosa que ojos humanos vieron.
Es fascinante Gibara. Superior al amor a primera vista. El que la conoce inicia un romance infinito y abraza para siempre su seductora pequeñez, su imagen queda imborrable y seductoramente te atrapa entre la riqueza del orgullo por su Monumento Nacional, en ese pacto casi perfecto entre mar y tierra, como bondad en exceso de la naturaleza con esta región de exuberante vegetación.
De Jiba palabra Arauca descendió su nombre. Así denominaban los aborígenes a un arbusto silvestre abundante en las orillas de ríos y lagunas.
Surgió el 16 de enero de 1817, al amparo de la Batería Fernando VII, para protegerla de ataques de corsarios y piratas.
Ya en 1822 su puerto adquiere la categoría de tercera clase. Es próspera la actividad mercantil. Personas de múltiples nacionalidades deciden echar suerte aquí y la clase pudiente edifica esta maravilla patrimonial durante los siglos XIX y XX, que al ser la segunda ciudad amurallada la protegieron siempre de los embates bélicos o ambiciosas conquistas.
Un peculiar ferrocarril une a Gibara con Holguín en 1893, para un mejor trafico comercial.
En una cuadrícula definida por tres plazas, enlazadas por un eje principal, creció la Villa, que por desvelo del mar es bañada por caprichosas olas con espumas blancas, donde los enamorados logran ver con el corazón.
Sus edificaciones más sobresalientes, exponentes del neoclásico en Cuba, son la Iglesia Parroquial, el actual edificio del Gobierno, la Vieja Sede del Casino Español y el Teatro Colonial.
El interés constante por proteger la ciudad devino, desde el primer momento, cuando el medio defensivo militar, que se desplegó durante la Colonia, edificó Fortines, la Batería Fernando VII, el Cuartelón y la amuralló, para que desde un inicio fuera intocable.
Así transita Gibara por esos duros años de total explotación, con un saldo de hambre y miseria casi absoluta, que se agudiza al perder la prosperidad del comercio marítimo con la construcción de la carretera central cubana en la década del 30 del siglo pasado que unió La Habana con Santiago de Cuba.
La naciente Revolución Cubana, al triunfar el primero de enero de 1959 encuentra aquí, como en el resto del Archipiélago, un triste panorama en las 2 mil 88 familias asentadas en esta zona. Según estadísticas del total de casi nueve mil habitante el 69, 8 por ciento vivía en extrema pobreza, y el 92, 35 por ciento carecía de empleo.
Su arquitectura
enamora a los visitantes
De inmediato inicia las trasformaciones revolucionarias.
La realidad social y económica cambió. Hoy en ese municipio, uno de los 14 de la provincia de Holguín, viven más de 72 mil personas, con óptima atención médica, educacional, cultural, deportiva y libremente deciden qué desean hacer.
Con la Revolución se construyeron el astillero Alcides Pino, la cooperativa pesquera, la Hilandería y fábrica de tabacos; se modernizó y amplió la de calzado, una planta de filtración para el abasto de agua potable y se instaló la red de acueductos para toda la población, que unida a las tradiciones pesqueras y agrícolas consolidan el auge del municipio.
Con se empuje llega Gibara a los duros años de Período Especial, cuando Cuba pierde casi el 85 por ciento de su comercio exterior y hay que detener aspiraciones para resistir a cualquier precio y salvar la Revolución, como se hizo con estoicismo, a pesar del costo social e ideológico.
Ahora, en los últimos cuatro años, por voluntad del Partido y el Gobierno del municipio, a insistencia de la máxima dirección provincial, y con recursos propios, comienza en la Villa Blanca el Programa Imagen, que solo en esta ciudad, sin incluir al resto de este territorio, incluye unas 40 acciones de inauguraciones de obras, remozamientos u otras labores encaminadas a mejorar el bienestar de los gibareños.
Pero la intención, como explica Porfirio Suárez Cisneros, el primer secretario del Partido Comunista de Cuba, en Gibara, es soñar más alto con muchas nuevas ideas de van dando señales de más prosperidad como la futura terminación del Teatro Colonial, el hotel Gibara, restauración de la Murcielaguina, el restaurante INIT, ranchón de la Escalinata, Museo Ferroviario, la Casa del Cineasta.
La decisión es tener un Piano-bar, detener la erosión del Malecón, hacer un parque Infantil, ampliar el hotel Bello Mar, darle un uso cultural al Cuartelón, convertir la calle Mora en Paseo, reparar las fachadas de las viviendas del casco histórico e incluso un hostal en el faro hasta unas 41 acciones.
Y los gibareños, con una Villa cada vez más seductora, seguirán subyugando a los visitantes en ese encantador silencio poético, como si todos los días la ciudad emergiera de su Río de Mares, más hermosa todavía por el desvelo de los muchos que desean renovar su imagen, y venir cada año aquí al Festival Internacional del Cine Pobre.
Con sus mitos seguirán creyendo que Isadora Duncan bailó desnuda en el antiguo casino español, donde actuaron Brindis de Salas, Ignacio Cervantes y Bola de Nieve, que Camilo vive en sus aguas, mientras Frank País pasea por el malecón en constante conspiración y el Che ilumina un futuro mejor.
Gibara ya no es un sueño distante de épocas.
El Proyecto Imagen
pretende conservar
lo autóctono de
Gibara y que
continúe como la
más bella