Tuesday, June 13, 2006

LLueve sobre la sequía

Rodobaldo Martínez Pérez
rodo@ahora.cu
www.ahora.cu
Esta edición del periódico fue bastante mojada. La foto principal muestra la presa de Güirabo vertiendo. El hecho no ocurría desde hacía unos cinco años y muy pocas veces en los últimos dos décadas.
Los holguineros gozamos estos aguaceros. Casi se había perdido la costumbre. Muchos aprovecharon para mojar sus cuerpos, y otros expulsaron sus energías negativas.
De inmediato los campos cambiaron. El verde, de esperanza, cubrió los pastizales.
Los cultivadores agradecieron la hermosura de la tierra y los animales apartaron el estrés para saborearon sin desespero la piedad de la naturaleza.
Los holguineros, a más de 700 kilómetros de La Habana, sintieron seguridad al saber que ya tenían agua, por la vía del acueducto, para todo este año y el primer trimestre del 2007. Hacía rato que eso no sucedía.
Acá la sequía nos ha torturado. Millones de pesos se han gastado para llevar a los hogares el preciado líquido: en carros cisternas, carretones tirados por animales y hasta trenes especiales desde distantes lugares.
A la ciudad capital provincial, con más de 300 mil habitantes, la abastecen tres presas, donde en total se pueden almacenar 85 millones de metros cúbicos de agua. Las tres se secaron. En sus áreas se podía jugar al fútbol.
Pero aún así a nadie le faltó el agua. La mano bondadosa de la Revolución no deja desamparado. Aparecieron recursos y de inmediato nació una conductora de más de 40 kilómetros desde el río Cauto, el más largo de Cuba, hasta la presa de Güirabo, totalmente seca.
En tiempo récord, en jornadas de 24 horas, se terminó esa solución alternativa, que lamentablemente presentó problemas con decenas de tubos importados desde un país europeo, porque el despiadado bloqueo contra nuestro país impide comprar cualquier producto en los Estados Unidos, ni una simple aspirina y torpedean cualquier posibilidad de comercio con otros países.
Cuando ya se agotaba en agua entró el Cauto y llovieron los carros cisternas por las calles holguineras. Centavos costaban los galones de agua, se convirtieron los pozos y cisternas particulares en usos colectivos. Nadie buscó jugosas ganancias, como hubiese sucedido en el capitalismo.
Ahora hay perspectivas de traer el agua desde la zona este de la provincia, donde hay caudalosos ríos y un regular régimen de precipitación, a través de un trasvase, que será una de las más fabulosos obras hidráulicas en el país.
Mientras que lleguen esas aguas de los ríos Sagua de Tánamo, Mayarí y sus afluentes los holguineros disfrutamos estos aguaceros de junio con un acumulado de casi 300 milímetros y la intención de decirle adiós a la sequía, una de las más prolongadas de los últimos 100 años.