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#Holguín, Birán 23 septiembre del 2003, presentación del Libro Todo el Tiempo de los Cedros Fotos |
rodobaldo@ahora.cip.cu
Siempre lo recordaré
sentado en la oficina de la dirección del periódico ¡ahora!, cuando estábamos en el Poligráfico, con su
tono jovial, jaranero, su guayabera blanca, el gran
sombrero de yarey y la campechana sonrisa de cubano genuino. Así fue para mí
Ramón Castro Ruz, Mongo, como le decían todos, un hombre noble y cabal, quien
me honró con su amistad desde los últimos años del siglo XX.
En sus visitas frecuentes
al ¡ahora!, llegaba hasta el lugar de los custodios y anunciaba: “Voy a ver a
mi hijo”· Subía hasta mi oficina, en el
tercer piso y conversábamos largamente, preocupado por el avance del país,
principalmente en la producción de azúcar, la ganadería y la alimentación. Era
tanto su parecido con Fidel que a veces lo confundían y, al acercarse al Poligráfico, creían que era el Comandante.
Cuando recorría la
provincia me pedía un fotógrafo, para dejar las constancias gráficas. Prefería
a Rafael Nogales Fombellida, porque
manejaba excelentemente el lente y, además, según Mongo, era experto en ponerles las vendas en sus várices. Aún con sus piernas enfermas
y, con 72 años, no se detenía ni un momento a descansar. Era incansable, decían
los que le conocieron de cerca.
En la oficina había una
foto-montaje de Fidel, Raúl y él delante de su casa en Birán, la cual había
sido hecha por el fotógrafo, desaparecido ya, Juan González, la observó
detenidamente y confesó: “No tenemos muchas fotos los tres juntos, e
inmediatamente dio su definición: “el
intelectual, el militar y yo, el obrero” y pícaramente sonrió. Vídeo
Hablaba con absolutalealtad a sus hermanos, contaba con fidelidad las travesuras de la niñez y adolescencia en la finca Manacas donde vivió la familia Castro Ruz, los baños
en el río, los juegos de pelota en el batey, donde Fidel fungía como pitcher,
perdía por más de 20 carreras y decía que ganaba el juego. Era muy difícil
quitarle la pelota.
Contaba los topes de boxeos que Fidel le pedía, muchas veces con sus propios trabajadores,
por lo que era un gran dilema para él,
estar de referid entre sus hermanos y los suyos de labranza.
Ya en Santiago de Cuba en
los estudios: “Raúl quiso quedarse con nosotros, tenía unos cinco años, eso fue
tremendo, era muy travieso, jugaba fuerte con Fidel, tirándose almohadas, ninguno
de los dos querían apagar la luz y
entonces yo tenía que poner orden.”
En esa
largas pláticas rememoró lo vivido cuando Fidel comenzó la Universidad, lo de Cayo Confites, el Moncada, el jucio, las cárceles de Boniato e Isla dePinos, México y la Sierra, “cómo sufrió mi familia, era muy triste verla sumida
en ese desesperado dolor, la preocupación era inmensa”.
“Luego fui a la cárcel de Boniato, al presidio de Isla de Pino, a La Habana,
cuando salieron de la prisión. Fidel se
retrató conmigo frente a la universidad y me dijo que se iba para México en un
avión”.
Rememoró la
historia del pavo: “Cuando lo de Granma, decían que Fidel estaba muerto,
llegó un hombre vendiendo un pavo, lo
compre y le dije a mi madre ´me lo comeré con
él, estuvo guardado toda la
guerra y a finales del 58 me llamó mamá
por teléfono: “corre que Fidel está aquí”.
“Cuando llegué eso estaba
copado de rebeldes, nos abrazamos y me apartó a un lado y me dijo necesito que
me ayudes en la reforma agraria y vamos a comenzar por las tierras de la
familia”.
No se sentía cómodo cuando
le decían el hermano de Fidel y Raúl y alegaba
“en definitiva soy el mayor” y comentaba “tener esos hermanos no es fácil,
son muy exigentes con la familia”.
“Toda mi vida la he pasado
pendiente de ellos y especialmente de Fidel y Raúl, quien me dice papá, siempre
tan cerca del peligro. Nosotros perdimos el viejo cuando estaban en México y
recién triunfada la Revolución murió
mamá, he tenido que ser el cabeza de familia y te aseguro que no me ha sido
fácil”. Vídeo
Al referirse a Fidel y
Raúl opinaba “deben vivir más que yo y si algo malo le va a pasar prefiero que
sea a mí, la vida no me puede dar ese gran dolor”.
Jugamos dominó, bebimos tragos, visitaba, en las casas, a
amigos y amigas holguineros, con quienes compartía sus ratos.
Quiso entrañablemente a Holguín, le llamaba su gran familia, incluso aún
en el Reparto Ciudad Jardín, en la capital de la provincia, le siguen nombrando Los Talleres de Mongo
Castro.
Al principio de la década
del 60, siendo yo un muchacho, escuche
hablar que cuando el triunfó de la Revolución Mongo se vistió de comandante. En
la década del 90, durante una conversación, en una casa de visita de la
Agricultura, aquí en Holguín, le hablé de ese comentario. Mongo me miró, se
puso muy serio y me dijo tajante: “Eso fue una ignominia, jamás hice ni haré
algo así, respeto mucho a Fidel, Raúl y la Revolución, lo que si siempre he
sido es miliciano”.
Así de sencillo era este
gran hombre de pueblo, quien prefería tararear: “Yo me
quedo por todas esas cosas, tan pequeña, tan hermosa” para luego enfatizar: pal/carajo, grabación que guarda el colega Aroldo, en sus
archivos de voz recogida durante un
recorrido hacia del central Maceo, a finales de la década del 90.
Al conversar con
fundadoras de este periódico, por la década del 60 de Siglo pasado, me contaban
cómo cuando se apretaba el pago para los trabajadores, porque dependían de
anuncios y ventas de los ejemplares,
siempre Mongo Castro ayudaba a resolver la situación.
Así siempre fue,
solidario, bondadoso, luchador
incansable, con mucho orgullo de sus hermanos, de la familia, de la Revolución,
de llevar los apellidos Castro Ruz y muy
consciente de quien era.
Tocaba diferentes temas,
un día al definir el amor decía con
tremenda jovialidad: “Un hombre enamorado es como un caballo ciego, aunque le
hales las bridas siempre va para donde quiere”
y ahí soltaba una carcajada por
su ocurrente enunciación.
Mongo me dio lecciones imperecederas de
respeto al hablar de sus padres. “El
viejo, decía, nos enseñó a tratar a las personas mayores y era muy recto en la
educación de sus hijos, por eso no entiendo cómo sin la edad requerida, en
aquella época, me dejó fumar tabaco”.
Valoraba que de su papá
aprendió el valor del trabajo. “Mi padre
se esforzó duro y mucho, hizo un capital desde su sudor, era muy noble con sus
trabajadores y nunca fue gastador”. Se queda sumergidos en sus recuerdos y sentencia:
“Yo lo que más he hecho en la vida es trabajar”.
Sus más apasionanteshistorias pertenecen a caña y repletaron el corazón de este hombre, para quien su cultura en la
agricultura es hija de su existencia práctica. He aquí algunas de sus sapiencias:
-“La caña es como un niño
chiquito, hay que quererla y atenderla, de lo contrario se pierde.
-“Chapucería en la
agricultura cañera y buenos rendimientos no pegan.
- “Sembrar caña en sequía
es botar el dinero. Los malos inventos de regar agua con pipas en carretas
compactan demasiado el terreno.
“La paja es aliada del
campo si hay cultivo, en esos años 90, se permitió el plantoneo, eliminaron los inspectores de campo, consintieron
errores garrafales y trabajos mal hecho.
“Al central no pueden
llegar materias extrañas.
“Hay que resembrar bien
con el uso de la piochita, que se hace de una hoja de muelle de acero.
“Es mejor rehabilitar un campo, que no tiene muerte, que demolerlo.
“Son 150 los días de
zafra.
“Medir la producción de
azúcar por hectárea, no por arrobas de caña,
“Los estimados se caen
porque no hay composición de cepas por edades, ni por variedades”.
Sus ojos brillaban más
cuando decía lentamente: “Será una fiesta en Cuba cuando podamos moler retoños
de 13 meses.”
La última vez que lo vi
fue el Birán, en septiembre del 2003, junto a Fidel, otras hermanas, en la
presentación del libro: Todo el Tiempo de los Cedros, conversamos poco por la
característica de la ceremonia y al concluir me dijo luego nos vemos. Lamenté
la muerte (vídeo) de ese gran amigo, el 23 pasado. A su memoria son estas líneas. Vídeo.
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A Frank Suárez Domínguez y 2 personas más les gusta esto.
Alexander Parra Suárez
Rodo, yo tuve la oportunidad de acompañar a Mongo en un intenso recorrido por Holguín, fueron varios días dando tumbos por cañaverales desde que amanecía hasta el atardecer, ese hombre no se cansaba!. También tuve la oportunidad de regalarle esa foto, más otra que atesoro junto al siempre jovial Mongo Castro, que me decía "juventud, acercate para que tires una foto mejor".
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Rodo Martínez Pérez
Un gran hombre, de los que decidieron echar su suerte con los pobres de la tierra
Me gusta · 1 · Responder · Editar · hace 19 minutos
S Isidro Rivero Carrasco
Hermosa historia, hermano. Gracias por esa entrega.
Me gusta · 1 · Responder · Eliminar · Reportar · hace 4 minutos
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Noticias
Emilio Lambiase compartió tu publicación.
4 h ·
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Daima Cardoso Valdés
ReplyDeleteTremendo privilegio el suyo Rodo.
Me gusta · 1 · Responder · Eliminar · Reportar · Ayer a las 20:28
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Muchas gracias, es realmente un privilegio conocer persas así, que es la historia viva.
Sol Superville
ReplyDeleteGracias Camarada por entregarnos tan linda historia, un saludo desde Argentina.
Gracias por leerla, un abrazo, desde Cuba, Mongo Castro, como le nombraban todos, a lo largo de su fecunda vida escribió muchas historias, desde el trabajo duro, siempre cosechado el bien, son varias las personas que, luego de publicar el trabajo en el Semanario ¡ahora de la provincia! se han alegrado del homenaje y aportan sus vivencias, testimonio siempre a favor de su gigantesca postura de hombre de honor y palabra
Ricardo"
ReplyDeleteTe felicito por tu articulo sobre mongo castro, me hizo sentir el orgullo de
considerarme tu amigo, ricardo de la rosa, ex-militar del emp holguin
Muchas gracias, así somos los amigos
Elder Leyva Almaguer
ReplyDeleteYo también tuve la oportunidad de compartir con este obrero ejemplar....., gracias hermano, seguro que disfrutaste su sapiencia, era todo una escuela, por eso le llamaban: El Cañero Mayor