Con la sumarísima frase:
“Aceptamos Giros. Arturo”, enviada por Juan Gualberto Gómez a Nueva
York, al acceder a la propuesta, de la emigración, para iniciar la Guerra
Necesario por la independencia definitiva que, con el Grito de Yara, el lunes
24 de febrero de 1895, los cubanos vuelven al machete, pero ahora dotados de
una concepción integral, con el principio fundamental de la unidad.
Después de varios años de organización Martí logra la titánica encomienda de juntar a los veteranos mambises de las guerras del 1868 y la denominada Chiquita con los “pinos nuevos”.
Así escribe, en 1893, a Maceo: “Las manos las he tenido ocupadas desde entonces en una labor bestial y sin descanso,- en atender, de una tierra en otra, a lo grande y a lo pequeño,- en ir levantando, hombre por hombre, todo este edificio…”.