
Rodobaldo Martínez Pérez
rodo@ahora.cu
Las nuevas acciones subversivas de Estados Unidos
contra Cuba ahondan la distancia entre,
lo que aboga el presidente norteamericano Barack Obama, de normalizar las
relaciones con nuestro país y las intenciones reales de la nación norteña.
El último acto sedicioso: Programa de Verano para Jóvenes Cubanos consiste
en la elaboración de un proyecto para implementar en el territorio nacional,
siempre, bajo la supervisión de los patrocinadores, predestinado, en lo fundamental, a educandos de la enseñanza media. Dicho proyecto lo ampara la sección 109 de la Ley Helms-Burton de 1996, que sostiene la utilización de cifras millonarias para la subversión ideológica en Cuba.
En otras palabras, con financiamiento recibido por distintas instancias del Departamento de Estado, incluyendo la Usaid, World Learning, este se suma a otros intentos de subversión en la Mayor de las Antillas, como el programa secreto Zunzuneo, proyecto ilegal y clandestino diseñado, financiado e implementado para subvertir el orden interno en el país caribeño, mediante un Twitter cubano.
Para esos fines, recuerden a los dos panameños y un español, quienes arribaron al Archipiélago para buscar jóvenes, sobre todo del nivel medio, con el objetivo de llevarlos como becarios a la nación norteña y, una vez allá, prepararlos para que encabezaran el añorado cambio en la Isla, al regresar.
A la joven generación pretenden inculcarle el sueño americano, con costumbres de esa sociedad de consumo, para desideologizarla y apartarla de nuestros principios socialistas e independentistas.
Con la referida estrategia evidencia que EE. UU no renuncia al propósito de destruir a la Revolución, desde adentro.
Ya no apelan a los magnicidios, sabotajes y otras actividades terroristas, ahora, con el llamado golpe suave, su accionar es menos letal, se trata de capacitar y formar jóvenes como líderes opositores, en un programa de becas promovido por el Departamento de Estado para entrenar en técnicas sediciosas dirigidas a atraer a las masas y organizar acciones de desestabilización social, incluidas algunas de corte violento.
Cuba no está en contra de las actividades académicas y ejemplo de ello son la más de mil 300 en el año 2015, entre ambos países, sobre la base del respeto a la soberanía y autodeterminación de los dos países. Estamos muy de acuerdo con los intercambios, pero sin injerencismo.
Me pregunto si es así como se pretende normalizar las relaciones entre Washington y La Habana y si podemos creer en los discursos del flamante mandatario del Norte, cuando habla de amistad.
La potencia imperial no renuncia a su naturaleza invasora, nos enseña la zanahoria y trae escondido el palo, es como el lobo vestido de cordero y nosotros sabemos el precio de la ingenuidad.