El coro de más de 360 voces cantando, en perfecto portugués, la canción
Bailando de Descemer Bueno y Gente de Zona fue muestra fehaciente de que sus
intérpretes dominan la lengua de Camões (autor del poema épico Os Lusíadas):
Dançar, dançar, seu corpo eo meu preenchendo o vácuo para cima e para baixo...,
comenta
nuestra colega
Lourdes Pichs Rodríguez,
del semanario
¡ahora!
De esta manera los de las bastas blancas que entonaron la melodiosa
composición musical de moda mostraron estar preparados para partir hacia Brasil
e integrarse al programa Más Médicos, promovido por el Gobierno Federal del
Gigante Suramericano, con vistas a llevar la asistencia médica a regiones desfavorecidas
de ese país.
El grupo de 362 especialistas en Medicina General Integral (MGI) con varios
años de experiencia en el ejercicio de su profesión y múltiples misiones
internacionalistas cumplidas en distintos países de América, África y Asia es
el tercero y último de la provincia que participa en un curso de adiestramiento
antes de su salida.
Durante los días de intensa preparación los galenos recibieron clases de
idioma portugués por parte de tres profesores brasileños, así como tomaron
clases de actualización sobre Medicina Tropical y rotaron por varios servicios
médicos de los hospitales provinciales, como Terapia Intensiva, Unidad de
Partos y otros.
En el acto de despedida a los profesionales, celebrado en el teatro de la
Universidad de Ciencias Médicas Mariana Grajales en la tarde de este viernes,
la doctora Belkis Artigas, en nombre de sus colegas, habló de confianza,
consagración, esfuerzos y compromisos de poner en alto el nombre de la Patria y
de servir al hermano pueblo necesitado de sus conocimientos.
La doctora Elizabeth Segura, vicedirectora de Asistencia Médica en la
Dirección provincial de Salud, les recordó la valía de la decisión de todos de
suplir la ausencia de profesionales brasileños en regiones donde hay pocos
médicos y la responsabilidad de ser intransigentes en los principios
revolucionarios y de fidelidad a la profesión y bandera.
Con este grupo Holguín completa la cifra asignada de más de mil galenos en
Brasil. Desde el inicio de la cooperación médica internacional más 10 mil 200
trabajadores del sector han cumplido misión, en tanto que el año pasado había 3
mil 947 colaboradores en 44 países, en su mayoría en Venezuela.
Miren esto
(Tomado de Público, España)
“Las médicas cubanas se parecen a empleadas domésticas.” La afirmación, la
más expresiva de una ola de manifestaciones de intolerancia y discriminación
racista, hecha por una periodista brasileña de derechas, representa, sin darse
cuenta, el más significativo elogio a Cuba.
Frente a las necesidades de atención médica de su población, el
gobierno brasileño, después de convocar a médicos de ese país a ocupar los
puestos en las regiones del país con más necesidades y menor atención, acordó
un convenio con el gobierno de Cuba para traer a Brasil a miles de médicos –ya
han llegado más de seis mil– del país que incuestionablemente tiene una de las
mejores medicinas sociales del mundo. Los extraordinarios –más todavía
por el nivel de desarrollo económico del país– índices de salud de la población
cubana –de la mortalidad infantil a la expectativa de vida al nacer, pasando
por todo y cualquier criterio que se analice– lo confirman.
Ese convenio, que podría pasar simplemente por uno más entre Brasil y Cuba,
generó una ola de reacciones que ha promovido un diagnóstico social, de una y
de otra sociedad, inédito y de una profundidad inesperada. Empezando por los
mismos médicos brasileños, en su gran mayoría formados en universidades
públicas brasileñas –las mejores del país—, pero que no tienen que entregar
ninguna contraparte a la sociedad que los ha formado, de forma gratuita. A
menudo concluyen sus cursos y abren consultorios en los barrios mejor situados
de las grandes ciudades brasileñas, para atender a una clientela de gran poder
adquisitivo.
Como resultado, el mapa de las enfermedades del país y el de la ubicación de
los médicos suelen ser brutalmente contradictorios, prácticamente opuestos
entre sí: donde están las enfermedades no están los médicos; donde están los
médicos, no están las enfermedades.
Aun así, después de negarse a atender a la población más pobre –la gran
mayoría, en el país todavía el más desigual, a pesar de los inmensos avances de
la última década, en el continente más desigual del mundo—, han intentado
impedir que el gobierno brasileño trajera médicos de fuera del país –de otros
países también, además de Cuba—, para atender a su población.
Han hecho
manifestaciones callejeras, han intentado crear situaciones de malestar con los
médicos cubanos, han intentado desarrollar campañas en contra de la reelección
de Dilma Rousseff, creyendo disponer de autoridad política sobre sus pacientes.
La declaración inicial de este artículo se inscribe pues en ese
escenario de elitismo y falta de sensibilidad social de médicos brasileños. La
frase, que pretende descalificar a médicas cubanas, porque en lugar de la
imagen del médico hombre, blanco, con fisonomía de los doctores de las
películas de Hollywood, son personas nacidas del pueblo cubano, se revela como
un inmenso elogio de la sociedad cubana y en una dura crítica de la brasileña.
Mujeres de origen popular, que en Brasil serían empleadas domésticas, en Cuba
es normal que puedan formarse como médicas y salir a expresar su solidaridad
con otros pueblos, necesitados de profesionales que Cuba logra formar en exceso
para las necesidades de su país.
Esa reversión del sentido de la frase se dio también en el plan más general
de la sociedad brasileña que, confundida al inicio, muy rápidamente reaccionó
de forma muy positiva.
Más del 80 por ciento apoya activamente la
llegada de los médicos cubanos a Brasil. Por las necesidades que
pasaron a ser atendidas por los médicos cubanos, así como por la atención que
inmediatamente empezaron a recibir sectores populares muy amplios de Brasil,
hasta allí sin ninguna atención o con atención absolutamente precaria.
Poblaciones que nunca habían contado con presencia de médicos, cuyos ciudadanos
tenían que desplazarse a kilómetros de distancia para poder ser atendidos en
consulta esporádica, empiezan a ejercer el derecho elemental a la atención
médica directa y permanente, gracias a los médicos cubanos.
Es un programa de salud pública, pero que encierra consigo una lección, una
pedagogía política de gran evidencia –que es lo que incomoda más a la derecha
brasileña—. Personal formado en universidades públicas –en Cuba todas lo son–
tiene que atender las necesidades fundamentales de su pueblo, que además son
los que pagan los impuestos que financian las universidades públicas, a las
que, sin embargo, sus hijos no acceden.
Brasil ha avanzado como nunca en su historia con los gobiernos de Lula y
Dilma Rousseff en
el combate contra la desigualdad, contra la pobreza y la miseria, pero no
encuentra todavía correspondencia en las estructuras educacionales que forman
al personal médico. De ahí el apoyo de Cuba –que la presidenta de Brasil
agradeció a
Fidel
Castro, en ocasión de la reciente reunión de la
CELAC en La Habana, cuando
se inauguró la primera parte del puerto de Mariel, que Brasil construye en la
isla, colaborando con la ruptura del bloqueo impuesto por Estados Unidos.
Los médicos cubanos son mejores que gran parte de los médicos que Brasil
tiene hoy, porque, además de su excelente formación profesional, son mejores
ciudadanos, formados por una sociedad orientada no por la medicina mercantil,
sino por las necesidades reales de la población. La llegada de los médicos
cubanos permite, como ningún manual de educación política, aclarar los
principios de las sociedades capitalistas –volcadas hacia los valores de
cambio– y las sociedades socialistas –volcadas hacia los valores de uso—. Una,
atendiendo demandas del mercado, la otra, a las demandas de las personas.
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